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¿Por qué puede con lo difícil y no con lo cotidiano? Altas capacidades y funciones ejecutivas

¿Por qué puede con lo difícil y no con lo cotidiano? Altas capacidades y funciones ejecutivas

¿Por qué puede con lo difícil y no con lo cotidiano?

Altas capacidades y funciones ejecutivas

Estamos seguras de que en algún momento habréis pensado: ¿¡cómo es posible que mi hijo o mi hija sea capaz de resolver los ejercicios más complejos e interesarse por los hobbies más demandantes, y no de preparar su mochila o hacer todos los deberes a tiempo!?

La explicación a esta cuestión tan recurrente podemos encontrarla en las diferencias entre el desarrollo cognitivo y el desarrollo ejecutivo. Y es que a pesar de que las personas con altas capacidades tengan grandes competencias intelectuales, el colegio y especialmente las tareas del día a día requieren mucho más que la inteligencia.

Estas habilidades, junto a otras como la autoconsciencia, la autoevaluación del comportamiento, etc., componen lo que se conoce como Función Ejecutiva [1]. La función ejecutiva, tal y como su nombre sugiere, alude a la capacidad para traducir, mediante las herramientas necesarias, todo nuestro potencial cognitivo en actividades y acciones tangibles [2].

Imaginemos un coche deportivo, con un motor capaz de alcanzar grandes velocidades y revoluciones, equipado con los mejores tubos de escape y una tecnología de conducción excelente. Sin embargo, a pesar de todos estos complementos, hay un elemento clave: las ruedas. Unas ruedas demasiado pequeñas o desgastadas no permitirían acelerar con seguridad y alcanzar las velocidades que promete ese gran motor.

De igual forma, la ausencia de un trabajo adecuado de las funciones ejecutivas sería equivalente a que ese coche deportivo con excelentes cualidades tuviese las ruedas de un carrito de supermercado. Por tanto, la función ejecutiva representa una dimensión fundamental del desarrollo infanto-juvenil, ya que se trata de las cualidades y herramientas que los niños y niñas requerirán para completar las tareas de la escuela, ordenar sus espacios y prepararse para los correspondientes cambios de etapa.

En el plano de lo cotidiano, dos de las dimensiones de estas habilidades son la memoria de trabajo y el control inhibitorio [1], responsables de trasladar todo el potencial intelectual a las tareas concretas del día a día. Por un lado, la memoria de trabajo hace referencia a un tipo de memoria a corto plazo, utilizada para la resolución de actividades y responsabilidades, como acordarse de lo que acabamos de leer o retener la información relevante durante un período de tiempo necesario.

Por otro lado, el control inhibitorio nos permite concentrarnos cuando la situación lo requiere y nos ayuda a discriminar lo importante de lo no importante. La combinación de las dos herramientas abre un sinfín de posibilidades, considerando que en conjunto son las encargadas de procesar y controlar la información que recibimos constantemente, y se hacen cargo de guardar y utilizar aquella que tiene más prioridad.

Por estos motivos, la función ejecutiva es un elemento diferencial del desarrollo infantil y adolescente, con una gran influencia en el rendimiento académico incluso mayor que el propio coeficiente intelectual.

En etapas iniciales, el coeficiente intelectual logra enmascarar muchas de estas debilidades, ya que los niños y niñas de altas capacidades compensan el uso de las funciones ejecutivas con un mayor despliegue de las competencias verbales, de razonamiento fluido o de velocidad de procesamiento. Consecuentemente, la función ejecutiva no se entrena lo suficiente y permanece “dormida”.

El problema surge en etapas más tardías, donde este desarrollo intelectual se topa con unas herramientas ejecutivas que no han ido al mismo ritmo. Esta brecha entre desarrollo cognitivo y ejecutivo (disincronía) provoca que el gran potencial intelectual se vea frenado o sometido al ritmo de la dimensión ejecutiva, una realidad que es responsable de muchas frustraciones en los perfiles de altas capacidades [3].

Para poder trabajar la función ejecutiva y dotar a nuestros niños y niñas de las herramientas adecuadas, la literatura científica y los trabajos de excelentes profesionales nos indican una serie de vías de intervención [4], siendo muy recomendable trabajar la función ejecutiva desde la cotidianidad y desde el juego. La primera puede ser trabajada con tarjetas recordatorias de tareas, pequeños juegos instalados en la rutina o dinámicas de trabajo personalizadas. Un ejemplo concreto sería:

“Mi hijo/a siempre pierde mucho tiempo lavándose los dientes. Se distrae con facilidad y en muchas ocasiones se salta esta tarea, ya que se queda en su mundo imaginario pensando en todo tipo de cosas, menos en las caries. Por lo tanto, he puesto en el espejo unas TARJETAS indicando una serie de curiosidades científicas, artísticas, etc. Ha sido una búsqueda de menos de 20 minutos en Google, y he logrado hacer hasta 10 tarjetas con curiosidades. Cada vez que se va a lavar los dientes, puede darle la vuelta a una de estas tarjetas una vez que haya finalizado. Además, he puesto un buzón en el que anotar todas sus ideas cada vez que se lava los dientes, se llama el Buzón Dentudo, y es su almacén de ideas. Cada día que completa el lavado de dientes al completo debe apuntarlo en un pequeño calendario situado debajo del lavabo. Una vez complete diez días, puede coger una de esas ideas Dentudas y la llevamos a cabo en familia.”

Con esta dinamización, sencilla y que requiere poco tiempo de planificación, trabajamos hasta tres dimensiones recomendadas por la ciencia: el seguimiento de pautas y normas específicas, la existencia de un elemento motivador que facilite la tarea, y el entrenamiento continuado de la función ejecutiva [4]. Estos tres principios aseguran la patronización de la actividad, su seguimiento, y la capacidad para seguir pautas y normas de forma crítica y reflexiva.

Los tres mismos principios se pueden trabajar con videojuegos o juegos tradicionales, los cuales han demostrado generar efectos de transferencia positivos en el desarrollo de las capacidades ejecutivas durante la infancia [5]. El único requerimiento es que cuenten con normas específicas, que exista un objetivo claro y que requieran de la repetición y la continuidad de la tarea.

🧠 En Latento también trabajamos las funciones ejecutivas

Comprender las funciones ejecutivas es el primer paso. En Latento, las acompañamos desde diferentes espacios.

Enfoca es un programa para alumnado de Primaria con altas capacidades que trabaja las funciones ejecutivas a través de retos cognitivos y actividades adaptadas, favoreciendo la autorregulación, la organización y un aprendizaje más autónomo.

Y desde nuestra Escuela de Familias, acompañamos a madres y padres para comprender estas dificultades y encontrar estrategias que puedan incorporarse a las situaciones cotidianas.

Porque potenciar el talento también significa desarrollar las herramientas necesarias para utilizarlo.

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Fuentes y lecturas recomendadas

[1] Diamond, A. (2013). Executive functions. Revisión clave que detalla cómo funcionan el control inhibitorio y la memoria de trabajo.

[2] Dawson, P. & Guare, R. (2009). Smart but scattered. Guía sobre cómo acompañar el desarrollo de habilidades ejecutivas en la infancia.

[3] Webb, J. T. et al. (2016). Misdiagnosis and dual diagnoses of gifted children. Análisis de la disincronía evolutiva y los desafíos cotidianos en altas capacidades.

[4] Diamond, A. & Lee, K. (2011). Interventions shown to aid executive function development in children 4 to 12 years old. Estudio publicado en Science sobre el impacto de juegos, rutinas y ejercicios con pautas claras.

[5] Thorell, L. B. et al. (2009). Training and transfer effects of executive functions in preschool children. Investigación sobre los efectos positivos y de transferencia del juego en el entrenamiento ejecutivo.

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