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LAS FUNCIONES EJECUTIVAS. DIRECTORAS DE ORQUESTA

LAS FUNCIONES EJECUTIVAS. DIRECTORAS DE ORQUESTA

FUNCIONES EJECUTIVAS TRABAJANDO EN EQUIPO: LA CAPACIDAD DE AUTORREGULACIÓN.

Como ya hemos hablado en otras ocasiones, la Función Ejecutiva es la capacidad que tenemos las personas para aplicar nuestras habilidades y competencias en el día a día.

Concretamente, en un artículo anterior hemos tratado la Memoria de Trabajo y la Inhibición, dos herramientas centrales en la Función Ejecutiva que, de acuerdo con la ciencia, son las principales protagonistas en el rendimiento académico en la escuela [1]. Sin embargo, son muchos más los elementos que componen las funciones ejecutivas. Todas ellas, según el contexto, la necesidad y la tarea que se está realizando, juegan un papel distinto y diferencial.

Mientras la memoria de trabajo y la inhibición cumplen una función fundamental en la realización de tareas, procesos específicos o ejercicios mecánicos, necesitan de la complementariedad de las demás funciones para ser realmente efectivas. Esto se debe a que las funciones ejecutivas no se comprenden de forma individual e independiente. De esta forma, tomamos en consideración tres grandes grupos ejecutivos: la Regulación Conductual, la Regulación Emocional y la Regulación Cognitiva [2].

En conjunto, las tres componen la Función Ejecutiva como un todo. Cada una de ellas se encarga de tareas específicas, dibujando el proceso general de ejecución de acuerdo con las necesidades del contexto y de la situación concreta a la que nos enfrentamos.

La regulación conductual favorece la concentración y la regulación de la conducta. Esto se logra gracias a la supervisión de la conducta (la capacidad para analizar y comprender qué comportamiento y acción son necesarios para cumplirla) y a la capacidad para inhibir distracciones e impulsos momentáneos de acuerdo a este primer criterio.

Toda regulación conductual está profundamente conectada con el estado emocional en el que nos encontramos, siendo un factor sumamente influyente en la activación de las funciones ejecutivas. En este sentido, la regulación emocional hace referencia a la capacidad de flexibilizar situaciones y comportamientos en función de las demandas situacionales, manteniendo el control de nuestras emociones en niveles adecuados. Esta función, por tanto, no trata de inhibir las emociones o desactivarlas, sino de comprenderlas y lograr gestionarlas adecuadamente.

Por último, la regulación cognitiva, que engloba el mayor número de funciones ejecutivas, recoge la capacidad de la persona para controlar y activar sus procesos cognitivos en la resolución de problemas y la consecución de objetivos. En este grupo ejecutivo, la memoria de trabajo actúa como base cognitiva para las consiguientes, de modo que permite la retención de información a corto plazo, con una gran orientación a la resolución de tareas. Un nivel de regulación cognitiva adecuado ofrecerá la posibilidad de disponer y saber utilizar las herramientas adecuadas según las necesidades previstas, así como aumentar la efectividad en la resolución de las mismas.

Como observamos, todas las funciones ejecutivas componen un entramado de capacidades que se activan de acuerdo a las necesidades, mostrando una gran dependencia entre ellas, ya que unos procesos no se entienden sin los otros. Este aspecto es clave, ya que para que nuestros hijos e hijas cuenten con un perfil ejecutivo equilibrado es tan necesario el entrenamiento cognitivo como el emocional y el conductual.

Comprender esta interdependencia es clave para poder abordar debidamente las necesidades de nuestros hijos e hijas. Como ya hemos indicado, la regulación cognitiva es la función encargada de enfrentarse a las tareas del día a día, así como en la propia escuela. La organización, la planificación y el autoseguimiento forman parte de esta función, y son las principales responsables de dejarnos la chaqueta en clase, despistarnos de una tarea que había que entregar, u olvidarnos de quién nos recogía en el cole y a qué hora. Con todo, por sí sola es incapaz.

Regresando al ejemplo del vehículo deportivo, nuestra cabeza es como un coche de carreras un poco peculiar. Tenemos al conductor, la regulación cognitiva, que se encarga de que el coche acelere y alcance grandes velocidades. Por supuesto, es necesario un buen conductor o conductora que pilote una máquina tan potente. Es la regulación conductual quien toma el mando del volante y de los frenos para evitar accidentes y lograr una gran conducción. Desde el público, todo lo que importa es un gran vehículo y un mejor conductor o conductora. No obstante, nadie en su sano juicio saldría a correr con la pista mojada, sin gasolina o sin un apoyo técnico que nos avise de las curvas y del transcurso de la carrera. La función emocional en este caso, si bien ejecutiva, ofrece el apoyo y la base necesaria para que la conducta y el potencial cognitivo acaben el trabajo.

En la presente publicación, por tanto, abordamos este conjunto de funciones con un objetivo claro: ¿Cómo ayudo a mi hijo o hija a quitarse las ruedas del carrito de supermercado y equipar unos neumáticos de última generación?

Por supuesto, no existe una respuesta específica ni única , ni mucho menos mágica, a esta pregunta, pero sí unos cuantos caminos que nos pueden ayudar a responderla.

Por un lado, para el entrenamiento de la función ejecutiva es imprescindible asegurarse de que la persona se encuentre en un buen estado y momento emocional, ya que, como ya establecimos, este es un elemento central en la capacidad de control de las demás funciones. Tratar de activar nuestras funciones ejecutivas en un momento de crisis emocional sería equivalente a intentar apagar un fuego con una lata de gasolina. Esto es especialmente cierto en las funciones de regulación cognitiva.

Situémonos en un ejemplo real. Digamos que una niña, Paula, está pasando por un momento complicado a nivel emocional: su profesora del colegio de los últimos dos cursos se ha marchado y ha llegado un nuevo profesor con el que no congenia. Su rendimiento en el aula es menor porque no está cómoda y estos niveles de frustración hacen que su autoconsciencia sea más tenue. Es posible que en esta situación Paula desordene su cuarto, no controle sus impulsos ante estímulos ajenos (una injusticia, una distracción positiva, un deseo…) y no logre priorizar sus tiempos a la hora de cumplir con sus diferentes tareas.

Esto no quiere decir que el entrenamiento de las funciones ejecutivas se tenga que posponer ante la existencia de una desregulación emocional, sino que las prioridades deben ser distintas. Tratemos en primer lugar de ayudar a Paula a regularse emocionalmente y luego incidamos en sus funciones ejecutivas.

En el ejemplo de intervención de hoy ofrecemos lo siguiente:

Mi hija Paula últimamente no se ha estado comportando nada bien. Ha dejado su cuarto desordenado toda la semana, ha pospuesto sus ejercicios del colegio y en varias ocasiones se ha dejado sus pertenencias en el aula. Durante esta última semana he insistido mucho en todas estas cosas, pero parece que le entra por un oído y le sale por el otro. Desesperado, he probado a sentarme con ella y le he preguntado qué tal está. Hemos hecho una lista de todas las tareas que Paula y yo necesitamos hacer durante el día y hemos marcado en un sistema de tres colores (verde, amarillo y rojo) cuáles son las que nos parecen más fáciles de completar, las que nos cuestan un poco y las que son realmente difíciles, respectivamente. Una vez hecho esto, le he pedido que al lado de cada tarea escriba qué ha sido lo que le ha impedido en mayor grado realizarlas esta última semana. Una vez hecho esto, hemos establecido un objetivo semanal: cumplir 10 verdes, 5 amarillas y 3 rojas. Para todas ellas existen dos herramientas: el “apoyo del público”, según la cual puede pedirme ayuda cuando esté experimentando alguna dificultad; y la “herramienta de desahogo”, con la cual puede expresar sus necesidades y sus quejas respecto a la tarea, para revisar los objetivos y la forma de completarlos.

Con esta pequeña estrategia, abrimos la posibilidad a nuestros hijos e hijas de expresarse y encontrar un poco de control en su rutina, mediado y guiado por las personas adultas de su entorno, lo cual les ayudará a sentirse en control y les dará un respiro emocional, al mismo tiempo que se trabajan las funciones ejecutivas y se mejoran procesos cotidianos. Asimismo, al incluir varios momentos de desahogo, eliminamos la presión subyacente de la tarea y creamos un espacio seguro “sin responsabilidades”. Ese momento es su oportunidad de expresar lo que siente sin esperar recibir una nueva advertencia de que no está cumpliendo sus objetivos. Sentirse escuchada le ayudará a responsabilizarse, calmar el clima agitado en su cabeza y poder pilotar con efectividad su gran potencial.

🧠 En Latento también trabajamos las funciones ejecutivas

Comprender las funciones ejecutivas es el primer paso. En Latento, las acompañamos desde diferentes espacios.

Enfoca es un programa para alumnado de Primaria con altas capacidades que trabaja las funciones ejecutivas a través de retos cognitivos y actividades adaptadas, favoreciendo la autorregulación, la organización y un aprendizaje más autónomo.

Y desde nuestra Escuela de Familias, acompañamos a madres y padres para comprender estas dificultades y encontrar estrategias que puedan incorporarse a las situaciones cotidianas.

Porque potenciar el talento también significa desarrollar las herramientas necesarias para utilizarlo.

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Fuentes y lecturas recomendadas

•[1] Capri, T., Catalano, A., & Fabio, R. A. (2026). Estudio que analiza la relación directa entre la memoria de trabajo, el control inhibitorio y el rendimiento escolar en la infancia.

•[2] Gioia, G. A., Isquith, P. K., Guy, S. C., & Kenworthy, L. (2015). BRIEF-2: Behavior Rating Inventory of Executive Function (2nd ed.). Modelo psicopedagógico y clínico de referencia que categoriza la función ejecutiva en sus tres grandes índices de regulación: Conductual, Emocional y Cognitiva.

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