COMPRENDER, ACOMPAÑAR Y APRENDER

Cuando comprender a tu hijo también significa aprender a acompañarlo
Cuando una familia descubre que su hijo o hija tiene altas capacidades, es frecuente que la primera preocupación esté relacionada con el colegio: cómo aprende, si necesita más estimulación, qué medidas educativas pueden ser adecuadas o cómo puede responder el centro a sus necesidades.
Sin embargo, con el tiempo muchas familias descubren que las preguntas no terminan ahí.

Las características asociadas a las altas capacidades pueden manifestarse en muchos ámbitos de la vida cotidiana. La curiosidad, la intensidad de los intereses, la sensibilidad, el sentido de la justicia, el perfeccionismo o la necesidad de comprender profundamente las cosas pueden ser fortalezas, pero también pueden plantear determinados retos a lo largo del desarrollo.
A veces se manifiestan en una gran frustración cuando algo no sale como esperaban, en una elevada autoexigencia, en dificultades para tolerar el error, en preocupaciones que se adelantan a lo que todavía no ha ocurrido o en una necesidad intensa de controlar determinadas situaciones. Otras veces aparecen en las relaciones con los demás, en el sentimiento de diferencia o en la dificultad para encontrar personas con intereses y formas de pensar similares.
Acompañar a un hijo o hija no consiste únicamente en aplicar estrategias o encontrar la respuesta adecuada para cada situación. Las familias también necesitan espacios donde poder detenerse, comprender lo que está ocurriendo y compartir experiencias con otras personas que están atravesando situaciones parecidas. Porque educar también implica comprender, escuchar, revisar nuestras propias expectativas y encontrar nuevas maneras de relacionarnos con nuestros hijos e hijas.
Y es precisamente en los espacios compartidos donde pueden surgir oportunidades para aprender juntos: hablar sobre lo que sentimos, reconocer nuestras emociones y las de nuestros hijos, descubrir estrategias para regularnos o reflexionar sobre situaciones que forman parte de nuestra vida cotidiana.
No se trata de conseguir que los niños “controlen” sus emociones, sino de ayudarles a comprenderlas y desarrollar recursos para afrontarlas. Y, en ese proceso, nosotros también aprendemos con ellos.
Espacios para comprender y compartir
Desde Latento creemos que acompañar a las familias implica ofrecer diferentes espacios en función de sus necesidades y del momento evolutivo en el que se encuentran.
Por eso hemos creado propuestas que permiten abordar las altas capacidades desde diferentes perspectivas.
Escuela de Familias: aprender para acompañar
Familias que Inspiran es un espacio dirigido a madres y padres que quieren comprender mejor a sus hijos e hijas y adquirir herramientas prácticas para acompañar su desarrollo emocional, social y educativo.
A lo largo de las sesiones abordamos cuestiones que aparecen con frecuencia en la crianza de niños y adolescentes con altas capacidades: emociones intensas, perfeccionismo, frustración, autoestima, relaciones sociales, límites, autonomía, disciplina positiva o autocuidado parental.
Un espacio para compartir experiencias, hacerse preguntas y encontrar nuevas herramientas para acompañar.
Conoce la Escuela de Familias de Latento →
Emociones en familia: sentir, regular y ser
Para los más pequeños, hemos creado Emociones en familia: sentir, regular y ser, un espacio en el que niños y adultos participan juntos.
A través de cuentos, juegos, dinámicas y actividades vivenciales, las familias exploran diferentes aspectos del mundo emocional: desde reconocer y expresar lo que sentimos hasta afrontar la frustración, el error, la preocupación, la sensación de diferencia o la autoestima.
La propuesta busca que lo trabajado no se quede únicamente en la sesión, sino que las familias puedan llevarse experiencias y recursos para continuar explorando y practicando en casa.
Descubre Emociones en familia →
Seguir aprendiendo juntos
No existe una única manera de vivir las altas capacidades ni una receta que funcione para todas las familias.Cada niño, niña y adolescente tiene su propia personalidad, sus fortalezas, sus necesidades y su momento evolutivo. Por eso, quizá una de las mejores herramientas que podemos ofrecerles sea precisamente esta: seguir aprendiendo juntos.


